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¿Cuanto nos comunicamos?

Enviado por Alvaro Yañez Mora el 08/05/2008 a las 03:53 PM

MAPOCHO-LAMPA-BATUCO

"En la sencillez y humildad está el secreto de lo verdaderamente grande"
Martín Heideger.

 En Mapocho, tomé el bus de costumbre, que va a Lampa y Batuco, a poco andar y después de mucho observarme, el compañero de asiento murmuró lo brusco que conducía el chofer, que en realidad iba muy rápido y frenaba muy sorpresivamente cada vez que se detenía.

El venía de comprar sus mercaderías para la casa y a pesar del disgusto por la manera de manejar de algunos conductores, le era más agradable venir sin el auto al centro. 

No me di cuenta cuando  nos pusimos a hablar, lo que no es muy habitual en estos viajes;  le conté que yo  era un maestro carpintero y que trabajaba en Lampa, en una industria que fabrica  casas prefabricadas, lo que para mi tenía un sentido especial, ya que esas simples maderas después serían la casa soñada de una familia. Después le conté que yo venía desde Puente Alto a mi trabajo, trayecto que demoraba cerca de una hora y media y de regreso igual. 

¿Supongo tendrá muchos conocidos que hacen el mismo viaje? 

Me preguntó y me quedé en silencio,  rápidamente y con sorpresa para mi mismo, le dije que en los cuatro años que hacía el viaje no recordaba a nadie en especial y que lo común era no hablar con la persona del lado en todo el viaje. 

Contó que se había aburrido de la gran ciudad, tan deshumanizada, donde las personas se mueven como robots, sin ningún sentido de pertenencia o arraigo, que había comprado con mucho esfuerzo una parcela hasta donde se había trasladado a vivir.

 Su mirada  entre alegre y triste, era algo distinta a toda la gente que me había tocado conocer, toda su conversación era muy personal, al decirle que hace un mes había  nacido mi primer hijo, él de inmediato y con la cara llena de alegría me contó que tenía cinco hijos y un nieto. 

Quiso saber como lo hacía con el almuerzo, cuando le dije que todos los días traía de la casa para calentar en el trabajo y como faltaba poco para la hora de colación, me invitó a su casa y que después él me iba a dejar al trabajo, era tan amable que acepté casi inconscientemente. 

Cuando llegamos a su casa me impresionó lo sencilla y linda que era, por donde mirara había estantes con libros; entramos a la cocina, allí estaba su señora, parecía una reina, pero con gran sencillez, creo haber visto alguna vez una película donde salía una princesa muy parecida a ella; con mucha dulzura me invitó a sentarme que me sintiera como en mi casa. 

No estaban sus hijos en ese momento, pero no se cansaban de contar gracias de sus hijos y nieto, comimos muy rápido ya que yo tenía que volver al trabajo; había algo especial en esa casa y en ellos, parecían amigos míos desde siempre. 

Me fue a dejar, en el trayecto me propuso si quería venir hacer algunos trabajos en su casa el día Sábado, yo le dije que si, y  me sorprendió una vez mas al decirme que viniera con mi señora y mi hijo, no supe que decirle y mucho menos sabía si mi señora iba a venir, quedamos de juntarnos en la entrada de su camino a las nueve de la mañana. 

Como era de esperar cuando le conté todo a la María, creyó que yo me había vuelto loco, no me creía nada; luego de mucho conversar me creyó, pero no se atrevía a ir ella, yo le aseguré lo bien que iba a ser tratada en esa casa y fuimos como habíamos acordado. 

Por supuesto me estaba esperando, estaba acompañado de su nieto, un niño igual a él, hasta en los gestos. Llegamos a la casa y nos sirvieron un desayuno que parecía un banquete, después me cambié de ropa para hacerle sus trabajos, que se trataba de hacerle más estantes para sus libros, quería que estos fueran desde el suelo hasta el techo. 

Mientras tanto, su señora invitó a la María a una pieza para alimentar a mi hijo y cambiarlo, descansaron y conversaron un rato, para luego ir a dar una vuelta a la huerta, se la mostraba con toda dedicación; a las plantas y flores parecía hablarles. 

Durante la tarde, llegaron muchos lugareños,  los niños y jóvenes compartían con sus hijas en distintos juegos, con alegría y sana amistad, su señora daba clases de cocina y de cuidado de los niños, mientras él en compañía de su hijo mayor, atendía consultas de los vecinos y los orientaba hasta en las cosas mas intimas. 

Cuando toda esa gente se retiró y yo terminé mi trabajo, nos invitaron a tomar onces, a parte de abundante, la conversación me resultaba muy agradable y entretenida, no se como el dueño de casa podía comer tan rápido y hablar al mismo tiempo. Me explicaba con mucha pasión, que en ese lugar había logrado tener relaciones personales con los vecinos y sus familias, que antes se había aburrido de relacionarse solo socialmente, sin encontrar un conocimiento mas profundo de las personas, aquí el sueño de humanizar la sociedad, se lograba al menos en esta pequeña comunidad. 

Sorpresivamente se puso de pie,  asegurando que iba a cambiar el tiempo y que por mi hijo prefería encaminarnos de inmediato, para que no pasara frío, él decía que su cuerpo le hablaba y que en esta materia de cambio de tiempo no se equivocaba, insistió en que nos cuidemos mucho con el tiempo, ya que  le parecía que se trataba de un temporal. 

Para sorpresa esa noche se puso a llover de una manera nunca antes vista, llovió todo el día Domingo, incluso suspendieron los partidos de fútbol, la mañana del Lunes era el caos total, la ciudad y sus alrededores toda inundada, las imágenes eran increíbles, y no paraba de llover; el Martes la ciudad estuvo prácticamente paralizada y no fui a trabajar. 

Al ver las noticias, me alarmé, mostraban toda la zona de Lampa y Batuco bajo el agua, parecía un gran lago, rescataban a la gente en botes y helicópteros, era un drama, no pude contener las lagrimas cuando la televisión muestra precisamente a mi querido amigo  con su familia, arriba del techo esperando ser rescatados, la casa estaba entera bajo el agua, no estoy seguro si era real o me lo imaginé, pero me pareció ver sus libros por todas partes en el agua, el no perdía su gesto amable y pensativo, ahora entiendo cuando me decía que lo único cierto y seguro era la muerte.-

 







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