Hace sólo una década era extraño escuchar expresiones como balance social, stakeholders (o grupos de interés), triple línea de resultados, ciudadanía corporativa, marketing responsable, filantropía estratégica, etc. Todos estos nuevos términos están relacionados con un nueva corriente que ha entrado con fuerza en el mundo de los negocios: la responsabilidad social empresarial. Hoy
En nuestro país existen al menos dos grandes fundaciones, Pro-Humana y Acción Empresarial, que dirigen todas sus fuerzas en la promoción de esta idea en nuestra cultura empresarial. En los últimos cuatro años sólo estas dos organizaciones han sumado casi 10 seminarios sobre RSE, sin contar innumerables talleres sobre temas relacionados, más una serie de publicaciones de difusión e investigación1.
En abril de 2002 se publica la primera encuesta sobre RSE realizada por la empresa MORI. Cada vez más empresas se unen a este movimiento.2
Entre marzo y julio de 2003, El Mercurio dedica cuatro suplementos especiales al tema. A fines de Agosto, AMCHAM distinguió, por primera vez en Chile, a 3 empresas con el
premio al mejor ciudadano empresarial.
Este fenómeno, multiplicado varias veces y desde hace un par de décadas atrás, se percibe con fuerza en Europa y Estados Unidos. Sin embargo, su historia es más larga. Ya a comienzos del siglo XX, las grandes empresas norteamericanas comienzan a ser cuestionadas por ciertas prácticas laborales que perjudicaban a sus empleados.
Algunos de los insignes líderes industriales se convierten en grandes filántropos (entre los más conocidos destacan A. Carnegie, H. Ford y D. Rockefeller), donando sumas importantes a distintas obras de caridad. Ya por 1920, este movimiento filantrópico comenzó a ser adoptado por empresas y no sólo por los dueños más adinerados. Esta fue la primera expresión de la responsabilidad social empresarial. En el período post II Guerra Mundial, se dio mayor importancia al rol de la empresa en la sociedad, principalmente impulsado por líderes empresariales cristianos. Alrededor de los años ´70, comienza a existir un interés por redefinir el tipo de responsabilidad social que le cabe a la empresa, interés que se consolida en la discusión empresarial y académica en los años ´80.
Críticas en el camino
A pesar de la aparente bondad del movimiento, no todos han visto con buenos ojos esta nueva moda socio-empresarial. Se sostiene que el movimiento de responsabilidad social es pernicioso ya que aumenta los costos finales de las empresas al imponer estándares más elevados en distintos ámbitos (laborales, medioambientales, de seguridad, etc.), lo que redunda en niveles de precios mayores para los consumidores. Esta es la postura del ex-economista jefe de
Sin embargo, la crítica más famosa a
El ejecutivo es un empleado de los accionistas, por lo que si quiere hacer caridad, que se meta la mano al bolsillo y done de su dinero, no del dinero que no es suyo.
Superando las críticas
Hoy en día la empresa privada juega un papel protagónico en el crecimiento y desarrollo de las sociedades democráticas. El poder de la empresa, los empresarios y sus agrupaciones gremiales son considerables. Este poder proporciona posibilidades y éstas exigen mayor responsabilidad, la que se debe traducir en mayor integridad en todas las políticas corporativas. Pero esta integridad no sólo es una buena noticia para los accionistas de la empresa. Dada la realidad cada vez más compleja de entretejidos sociales en que toda organización empresarial se ve inserta, también necesitamos considerar a todos aquellos que se ven afectados, directa o indirectamente, por el accionar de la empresa. “El panorama empresarial de hoy requiere que las compañías naveguen en un escenario complejo de desafíos económicos, medioambientales y sociales y atender a los stakeholders en sus demandas de mayor transparencia y responsabilidad. Estos factores afectan todos los aspectos de las operaciones de la empresa, desde la cadena de operaciones hasta el mismo mercado, desde la productividad laboral al retorno de las inversiones.”5 Ser socialmente responsable no significa que la empresa se olvide de sus legítimos objetivos corporativos. El desafío es lograr enfrentar sus deberes económicos, legales y sociales, incorporándolos en una estrategia empresarial comprehensiva.
“Quienes proponen la responsabilidad social corporativa no niegan la legitimidad de la motivación de la utilidad, sino que intentan redefinirla de un modo que incluya otras motivaciones más publicas”.
Aspectos críticos de
Quizás si la mayor amenaza que
Los norteamericanos han sido pioneros en esto. “Doing well by doing good, es el lema. Incluso se han introducido conceptos tales como strategic philanthropy, argumentando que resulta ser una “herramienta” fundamental a la hora de lograr una ventaja competitiva. Este “gancho” también se ha instalado en Chile y no cabe duda que este es un modo inteligente a la hora de introducir unas prácticas que en apariencia no parecen sino reportar costos para la empresa. Correctamente el profesor Carlos Portales de
Una segunda crítica que especialmente creo necesario hacerle a
Esta incoherencia entre la responsabilidad con la comunidad local y la responsabilidad con los clientes, se da con cierta frecuencia en los casos de empresas que patrocinan importantes programas de ayuda a la comunidad, pero que dejan bastante por hacer con sus propios empleados (niveles salariales, horario de trabajo, derecho a organizarse, contratos laborales, pago de imposiciones, etc.)¿Estamos también siendo socialmente responsables con ese stakeholder? “Lo que ocurre es que nadie puede dar lo que no tiene, y para que una empresa pueda cumplir sus responsabilidades con la comunidad externa y con el medio ambiente, tiene que primero cumplir muy bien sus responsabilidades internas. Sin esto, la acción externa resulta vacía y no perdura en el tiempo”.
En relación con la crítica anterior, quisiera detenerme en un último punto. El objetivo final de este movimiento de RSE es contribuir a una sociedad con mejor calidad de vida para más personas. Sin embargo, una limitación más estructural del movimiento de RSE es que se inscribe dentro de un marco mayor que no es cuestionado. Aun más, ciertas prácticas socialmente responsables podrían desviar nuestra atención de un desafío mayor: ayudar a que entre todos enfrentemos y reparemos las deficiencias que la estructura económico-social tiene y que son las que justamente producen muchos de los problemas que queremos solucionar. Sería un gran error, de inexcusable miopía, sólo ver las ventajas de nuestro sistema económico. Debemos lúcidamente atender también a las graves deficiencias de un sistema “que haciendo referencia a una concepción economicista del hombre, considera las ganancias y las leyes del mercado como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad y del respeto de las personas y los pueblos. Dicho sistema se ha convertido, a veces, en una justificación ideológica de algunas actitudes y modos de obrar en el campo social y político, que causan la marginación de los más débiles”.
Nuestro deber de fomentar
Cuando la revista Business Ethics, especializada en temas de RSE, celebra su aniversario número 15, uno de los autores del ranking de las 100 mejores empresas para trabajar (publicado anualmente por la revista Fortune) escribía: “Palabras, palabras, palabras. Mirando la historia de la responsabilidad social corporativa, puedo ver que ha consistido en 95% de retórica y 5% de acción. Las compañías son entusiastas en crear declaraciones de misión que suenan muy bien. ¿Cambiar el modo en que hacen negocios? Eso es otra cosa”.
Cambiar el modo de hacer negocios no significa caer en un utopismo ingenuo, donde le exijamos a las empresas más de lo que están llamadas a hacer. Las empresas no son ni ONG ni instituciones de beneficencia. Cambiar el modo de hacer negocios es comprender que el propósito de la obtención de utilidades es fundamental e irreemplazable. Pero que no es el único. Que la misión de la empresa es más amplia, como lo es la vocación del empresario y del ejecutivo. En esa perspectiva, podemos mirar con esperanza el positivo proceso que se ha comenzado a dar en nuestro país. Como en todo nuevo camino pueden darse imperfecciones.
Aprendiendo del recorrido que se ha hecho ya en otros países, podemos aspirar a un movimiento de RSE de largo aliento. Un movimiento que defienda su raíz profundamente ética contra una visión que la transforma en un mero instrumento para obtener mayores utilidades. Que se defienda de ser reducido a una versión renovada de una caridad que se acaba luego de firmar el cheque de la donación, sino que se comprenda como concreción de una responsabilidad ética integral de ir más allá de lo que la ley me exige con mis accionistas, mis empleados, mis clientes, mis proveedores y con la comunidad local donde se inserta la compañía. Que, finalmente, no desvíe nuestra atención de los problemas que son más de fondo y de largo plazo y que implican cambios más estructurales, para no dejar de aspirar nunca al ideal de una sociedad justa y humana.
Las críticas nos deben ayudar a corregir los desvíos del camino y a defender una integral RSE. De esta manera estaremos verdaderamente fomentando este movimiento empresarial, que sin lugar a dudas ha traído incalculables beneficios concretos para distintos grupos de interés. Aún más, involucrándonos activa y críticamente en el desarrollo de
***Cristián del Campo S.J.
Magíster en Administración de Empresas-MBA, Boston College, E.E.U.U.
Ingeniero Comercial, Pontificia Universidad Católica de Chile
Bachiller en Teología, Pontificia Universidad Católica de Chile
Coordinador Programa Ética Empresarial Económica, Universidad Alberto Hurtado


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Atte. Carmen