Se ha hablado del Padre Hurtado como santo, como héroe de la solidaridad, y puede resultar hasta chocante mirarlo como emprendedor. Esto obliga a corregir nuestro concepto de santidad y también a modificar nuestra idea estrecha de lo que significa ser emprendedor.
En el léxico actual la palabra “emprendedor” está ligada al moderno empresario, hombre de la empresa privada, creador de trabajo y de nuevas iniciativas. Parece una palabra ajena al servicio público y al trabajo solidario, caritativo o al lenguaje religioso. Ampliar el concepto de emprendedor puede hacer un servicio a todos los que están empeñados en crear un país más equilibrado y humano. El trabajo emprendedor no sólo engendra lucro, puede también generar una vida personal plena y santa.
Jean Batiste Say inventó el término “emprendedor” y esa palabra suscita en nuestra mente las ideas de un líder que ve el cambio como una oportunidad, que es innovador, realizador, que corre riesgos generando empresas, creando trabajo y permitiendo el progreso.
El Padre Hurtado visto como un emprendedor
En el año 50 vino a Chile un “visitador” para revisar la situación de los jesuitas chilenos. Él se quejó de algo que para nuestra mentalidad actual sería una alabanza pero que entonces era mal visto en la vida religiosa. A propósito del Padre Hurtado decía en tono duro que él “introducía novedades”.
Quisiera señalar algunos ejemplos de la actividad creativa e innovadora del P. Hurtado que abrió un surco en el cual hoy tratamos de sembrar.
En primer lugar llama la atención que en los rigurosos marcos de la vida religiosa el Padre Hurtado haya introducido modernizaciones entonces impensables. Aunque anecdóticas ellas tienen significación. En el año 1939 pidió permiso para tener un teléfono particular. Con eso multiplicó su trabajo. Del mismo modo es admirable que haya tenido cuenta personal en el banco para canalizar las ayudas que recibía. En ese tiempo los religiosos estaban muy alejados del mundo económico y administrar dinero parecía incompatible con la pobreza. Y algo que era extrañísimo en su tiempo, se le permitió tener un auto para uso particular. Esto sólo se explica porque como buen hijo de san Ignacio sabía distinguir bien entre los medios y los fines, siendo capaz de utilizar aquellos que multiplicaban su trabajo apostólico.
También fueron innovadoras sus salidas nocturnas que rompían el “toque de queda” de una vida religiosa ordenada. Los que lo acompañaban en sus rondas por los puentes del Mapocho no sospechaban que veinte años antes del Concilio eso producía malestares y críticas al interior de las comunidades religiosas.
Pocos saben que el Padre Hurtado fue ecónomo de los jesuitas. Aunque parezca extraño, durante casi cien años
A lo anterior es necesario añadir la extraordinaria capacidad constructora del Padre Hurtado. Como administrador de
Cuando fundó el Hogar de Cristo introdujo una innovación visionaria al generar un directorio laico, encomendándole a los seglares la dirección y administración de la obra. Eso supuso formar gente, generar grupos religiosos laicales con compromisos especiales.
En el cargo de Asesor Nacional de
A todo lo anterior habría que añadir la fundación de
El modelo de emprendedor del Padre Hurtado
A partir de esos hechos y usando sus escritos —en particular, “Una manera cristiana de trabajar”—, trataremos de delinear algunas características del espíritu emprendedor del P. Hurtado. Para él emprender no significa primariamente importar una nueva máquina sino tener una mentalidad, una actitud de fondo, una cultura que no se adapta y que no mata las nuevas iniciativas. Esa voluntad supone una mirada optimista frente al futuro.
Ante todo, el emprender para el P. Hurtado es una verdadera misión, una vocación ligada al servicio y al designio del Creador.
Es rasgo esencial de un emprendedor romper la estrechez de la rutina. El mira más allá de su círculo social o político. El Padre Hurtado era un hombre preocupado de estar al día, conocer lo que pasaba, pero no se adaptó a ese mundo. Al volver de sus estudios en Europa se encontró con un Chile pueblerino y soñoliento, con niveles de pobreza y carencias importantes. La riqueza, la educación, la vivienda y la salud estaban asombrosamente mal distribuidas. Las clases dirigentes vivían indolentemente su realidad sin estremecerse, ni tener conciencia de los movimientos que estaban germinando. No había una clase empresarial y emprendedora en el sentido que hoy conocemos. Había pioneros pero no cultura del emprender. El Padre Hurtado enfrenta ese mundo innovadoramente. Se actitud se expresa en algunas notas centrales:
• Para emprender con seriedad: Pensar, estudiar, preparar duro. Nada se improvisa.
El P. Hurtado no fue un emprendedor intuitivo; por el contrario, fue un gran trabajador, disciplinado, perseverante y metódico. Estudió en profundidad para comprender la realidad y las posibilidades que se ofrecían.
“Al comenzar un trabajo, hay que preparar pacientemente, minuciosamente toda operación de alguna importancia. La improvisación es normalmente desastrosa. Comienza por conocer el objeto estando en contacto con él. Comienza por la encuesta que debe poco a poco completarse hasta llegar a agotar el sujeto. El que sabe porque ha visto, porque ha experimentado, porque ha reflexionado, no está suspendido a la aprobación de los demás. Él camina en la seguridad.”
“Amar la obra bien hecha, y para ella poner todo el tiempo que se necesite… Separado del ruido, lejos de los detalles, se puede mirar los problemas de más arriba y con más calma, se domina el problema”.
• Para emprender: tener claro el objeto, el fin y libertad en los medios.
Como ignaciano, el P. Hurtado tenía en modo extraordinario lo que la jerga empresarial moderna llama “inteligencia espiritual”, es decir, una visión amplia, que no se detiene en minucias, que ve claramente el fin, y lo distingue de los medios para alcanzar el fin. Quien tiene claridad en los fines es flexible y creativo en los medios. El líder es líder fundamentalmente porque tiene fines, genera proyectos y esperanzas y por eso puede conducir a la gente hacia esos fines.
“Una vez fijo en tu mente el fin, toma los medios proporcionados”. “He ahí el hombre que se posee plenamente, aquel que logra ponerse serena y tranquilamente ante su fin; y ante él examina los medios como medios, caminos para ir al fin, pero que jamás convierte los medios en fin”.
Refiriéndose a San Ignacio, dice: “De su obra brotan todas las sabidurías porque Ignacio fue antes que nada un hombre de principios, un hombre que no era esclavo de las recetas, un hombre que comprendió como nadie la distinción entre fines y medios. En el fin era inquebrantable y nada ni nadie pudo jamás desviarlo para que prescindiera de él. Pero, en cambio, en los medios era sumamente dúctil siempre que realmente guiaran al fin”.
• Para emprender es necesario pensar en grande.
“Mirar grande, querer grande, pensar grande, realizar grande. En los combates de hoy, todo se trata a la escala del mundo. Disponerse a realizar grande”.
“Munificencia, magnificencia, magnanimidad, tres palabras casi desconocidas en nuestro tiempo. La munificencia y la magnificencia no temen el gasto para realizar [algo] grande y bello. Piensa en otra cosa que en invertir y llenar los bolsillos de sus partidarios. El magnánimo piensa y realiza en forma digna de la humanidad: no se achica. Hoy se necesita tanto, porque en el mundo moderno todo está ligado. El que no piensa en grande, en función de todos los hombres, está perdido de antemano.”
• Para emprender es necesaria la capacidad de riesgo prudente.
“Atreverse. El que sigue lo objetivo, se arriesga. Con frecuencia se enseña a los hombres a ‘no hacer’, a ‘no comprometerse’, a ‘no aventurarse’. Es precisamente al revés de la vida. Cada uno dispone según su salud, su temperamento, sus ocupaciones sólo de un cierto potencial de combate. No despreciarlo en escaramuzas. Hay un mínimum de precauciones, una vez tomadas, ¡embarcarse!”.
• Para emprender, no desanimarse por las críticas, las dificultades y los fracasos.
Tal vez por la experiencia que tuvo en sus trabajos, el P. Hurtado insiste en que el emprendedor ha de ser constante, y sin desanimarse aprender del fracaso:
“No preocuparme de lo que digan. No perder el tiempo en discutir con los estetas, los críticos, los espectadores. Seguir mi camino. No espantarse, no irritarse de la oposición. Ella es normal, con frecuencia ella es justa. Ella quiere decir que se está en pleno combate”
“Cuando un hombre se aparta de los caminos trillados, ataca los males establecidos, habla de revolución, se lo cree loco. Nos hacen falta muchos locos de estos, fuertes, constantes, animados por una fe invencible”.
• Para emprender es necesaria la capacidad de formar equipo, delegar autoridad, trabajar con otros.
Esta idea aparece repetidas veces y explica la fecundidad del P. Hurtado. Él formó innumerables multiplicadores. Parte importante de sus obras la realizaron otros animados por él.
• El emprendedor crece como persona en sus emprendimientos.
El Padre Hurtado fue creciendo humana y espiritualmente a medida que emprendía nuevas obras. La coherencia entre sus ideales y su acción, el luchar por fines que daban sentido a su vida y el transformar su amor a Dios en compromiso, contribuyeron a su santidad. La fuente más profunda de su realización personal es que se gastó y desgastó por Dios y los demás dándole un sentido trascendente a su emprendimiento.
Algunos son líderes por naturaleza, otros se forman. El Padre Hurtado fue un alumno del montón hasta conocer al P. Vives que sembró en él los grandes ideales ignacianos. Este maestro inculcó en él un amor apasionado por Jesucristo y
El P. Hurtado es un verdadero maestro de emprendedores.
Curiosamente, él no fue nunca superior (salvo un corto periodo) y eso muestra que el liderazgo no siempre concuerda con un cargo. En una cultura que busca el éxito, el poder y la autorrealización, nos recordó la importancia del servicio y la necesidad de integrar el emprendimiento con las otras dimensiones de la vida (acción y contemplación; vida interior y trabajo, misión y afectividad y alegría).
El Padre Hurtado nos recuerda que no debemos solo emprender para nosotros. Emprender es salir de uno mismo para servir sobre todo a los más necesitados. Quien emprende para el bien común puede exclamar al final, “Contento, Señor, contento”.
Por Fernando Montes sj
Rector Universidad Alberto Hurtado


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